Un libro en francés, tan pequeño como un duendecillo, paso a otras manos ayer. Con ello deje de preguntarme y dudar si debía hacerlo o no. Un impulso quizás, y la dedicatoria tan planeada brillaba por su ausencia. No recibí la expresión imaginada.
Ahora lanzo la teoría de que nunca lo haré, sobre todo de aquella cara.

Tenia tantas cosas brotando de mi cabeza ayer, pero hoy se han ido. Debo decirlo, extrañe poder hacer lo que hago ahora, pues sabia, un papel se perdería.
Es el impedimento que me causa mayor trabajo; no mencionar el nombre de aquella energía que alimenta mis manos. Esporádico recurso, debo advertirlo.
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