Hoy mama no estuvo para apagar la luz y esperar conmigo, 60 minutos bajo una vela como lo hizo la vez pasada. No estuvo la abuela, no estuvo la hermana... No pude apagarla, creí que no debía.
Puede que muchas veces haya querido que no estén, me mantuve en silencio durante su presencia. Ahora las quiero aquí, dando vueltas por la casa.
Extraño eso que podría llamar normalidad.
Lo cotidiano, la presencia de esos seres extranos que se vuelven cercanos y ahora deciden desaparecer.
Quiero reir, pero esta vez no mirandome al espejo.
Debere despertar para hacerlo.
sábado, 27 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario