El acceso se hace cada vez mas difícil. Cajas vacías, sombreros regados, enredados con ropa que cierto día no pude encontrar. Cajones que cumplen la función de obstaculos nacientes en las paredes.
Tabata me mira desde la entrada, parece no atreverse a dar un paso. Cuando por fin lo hace me recuerda a un cerdito andando entre la basura buscando alimentarse. Ella solo quiere divertirse, hasta que el sueño la invada y caiga rendida en los brazos de morfeo.
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