jueves, 30 de julio de 2009

Ya nada me importaba, es mas, me daba risa...
Habia prometido que ya nada me doleria, ni derramaria una lagrima más, como lo hice hace algunos años. Pero la soledad duele y no lo pude evitar.
Tirada en el colchon, con ella dentro de mi y rodeandome, le reclamaba a la almohada el por qué de mi debilidad, mientras me atrevia a botar una que otra lagrima.

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